lunes, 28 de mayo de 2012

Vigilias de jóvenes, celebración de confirmaciones y preparación a la Misión 2012 y al Año de la Fe

Puede leerse también en:
http://www.laautenticadefensa.com.ar/noticias.php?sid=93766
http://padrenuestro.net/vigilias-de-jovenes-celebracion-de-confirmaciones-y-preparacion-a-la-mision-2012-y-al-ano-de-la-fe-en-zarate-campana/

PENTECOSTÉS EN LA DIÓCESIS DE ZÁRATE-CAMPANA
 
 
 La solemnidad de Pentecostés se celebra con una creciente participación en nuestra diócesis de Zárate-Campana, en especial participación de jóvenes. Las vigilias de oración de jóvenes, en preparación a la Misión 2012 y a la apertura del Año de la Fe, la celebración del sacramento de la confirmación, efusión del Espíritu Santo, en parroquias y en centros de asociaciones de fieles, los retiros de jornadas (este fin de semana, el de mujeres) y muchas otras manifestaciones de piedad, oración, actividades apostólicas se realizan como fruto de la Eucaristía, de la comunión y misionariedad, ejes de nuestro Plan Pastoral.
Junto con la carta del P. Hugo Lovatto, delegado para la pastoral de Juventud, y las parroquias que han transmitido a la oficina informática la realización de las vigilias, compartimos que el día sábado 26 el Obispo celebrará confirmaciones en la iglesia catedral de Santa Florentina (en turnos de 17 y 19) y el Domingo de Pentecostés, a las 11, en la parroquia de San Manuel, Mártir, en La Lonja (Pilar). El mismo día domingo a las 15 se tendrá la misa de Pentecostés en el “Cenácolo” en Exaltación de la Cruz-Pilar, con confirmaciones, y más por la tarde, a las 17, multitudinarias confirmaciones en Los Cardales (partido de Exaltación de la Cruz). El día lunes 28 Mons. Oscar Sarlinga concurrirá a la parroquia de “María de Nazaret” en Zárate, donde confirmará a jóvenes y adultos de la parroquia homónima y también a los de “Nuestra Señora de Luján” del barrio de Villa Massoni, también de Zárate, quienes se unirán al grupo de confirmandos de María de Nazaret.

VIGILIA DE PENTECOSTÉS. DIÓCESIS ZÁRATE-CAMPANA

Queridos Jóvenes,
En esta Vigilia de Pentecostés unimos nuestros corazones y nuestras voces a la de nuestro Obispo y toda la comunidad diocesana para decir:
“Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor”.
El Santo Padre Benedicto XVI les decía a los Jóvenes con ocasión de la Jornada mundial de la Juventud 2008 bajo el lema:”Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo,  que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos»,  que “para comprender la misión de la Iglesia hemos de regresar al Cenáculo donde los discípulos permanecían juntos (cf. Lc 24, 49), rezando con María, la «Madre», a la espera del Espíritu prometido. Toda comunidad cristiana tiene que inspirarse constantemente en este icono de la Iglesia naciente”.
Hoy nuestra Diócesis es un “gran Cenáculo”. Muchos jóvenes reunidos con sus Pastores y comunidades estaremos suplicando el Don del Espíritu Santo prometido. Vigilias de oración se multiplican por muchas parroquias (Catedral sta. Florentina, Campana; parroquia de la Natividad del Señor y San Juan de la Cruz, Escobar; Inmaculada Concepción,  Maquinista. Savio; Santiago Apóstol, Baradero; San Patricio, San Antonio de Areco; Ntra. Sra. del Carmen de Zárate y Campana;  Ntra. Sra. del Pilar, Pilar;  Sta. Rosa de Lima, M. Alberti; y tantas otras.
Pidamos al Señor que la “común-oración” sea el fundamento de nuestra “común-misión” (El Espíritu de Comunión es la base de la misionariedad, cf. Plan Pastoral 11)
Con la alegre espera de encontrarnos en la Misión juvenil Diocesana, los saludo con afecto en nombre propio y de la Delegación de Juventud.
P.Hugo Lovatto-

sábado, 21 de abril de 2012

“Instrumentos de la evangelización”, núcleo de la homilía del Obispo en la celebración de la Divina Misericordia en Garín

Mons. Sarlinga: “Somos instrumentos de la evangelización”
 
 Véase la noticia en: http://www.aica.org/


Belén de Escobar (Buenos Aires), 18 Abr.

Mons. Oscar Sarlinga presidió la multitudinaria celebración de la Divina Misericordia
El obispo de Zárate-Campana, monseñor Oscar Sarlinga presidió la multitudinaria celebración del domingo de la Divina Misericordia en la parroquia Jesús Misericordioso, de la localidad de Garín, partido de Escobar.  En su homilía, el prelado manifestó que la aparición y el mensaje de Jesús Misericordioso se encuentran en la línea de las “apariciones históricas del Resucitado”.  Monseñor Sarlinga marcó la diferencia antropológica entre el “temperamento” y el “carácter” y dijo que este último “puede ser siempre mejor forjado en nosotros, con la ayuda de la gracia y el esfuerzo, en una ascesis que nos purifique, y que haga que disminuya o desaparezca en nuestro carácter, la dimensión enojosa, prepotente u opresiva, y se deje transformar por la fortaleza y la mansedumbre, a fin de ser causa de alegría y de acción de gracias para los demás, causa de crecimiento en todo lo bueno y positivo”.  “Una renovación y transformación del corazón, lejos de quedar como fijas en lo personal, se proyectan a la dimensión social del ser humano”, aseguró y agregó que “toda reforma para bien de un cuerpo social tiene como origen la reforma interior a la que estamos llamados como creyentes”.  El pastor también se refirió al empeño del beato Juan Pablo II y de Benedicto XVI por la nueva evangelización y lo relacionó con los desafíos para este Tercer milenio, recordando que “somos instrumentos, cada uno según su vocación y elección, de la evangelización, y el gran protagonista de ésta es el Espíritu Santo, hemos de ser dóciles a él, escucharlo, escucharnos, sobrellevarnos, amarnos, y derribar todo muro de enemistad”.  El obispo le pidió a Nuestra Señora de Luján que “asista a sus hijos en las pruebas cotidianas y que, gracias al empeño de todos, las tinieblas no prevalezcan sobre la luz”.  Al término de la misa se llevaron a cabo distintos números folklóricos, que fueron interpretados por agrupaciones de jóvenes creadas recientemente, del partido de Escobar.+

viernes, 6 de abril de 2012

Mensaje Pascual para la Iglesia particular de Zárate-Campana


La Mano dell'Onnipotente. Mosaico Absidiale, sec. XIII Basilica San Clemente
Queridos hermanos y hermanas. Feliz y Santa Pascua del Señor Jesús.

La diestra del Señor es poderosa

Los invito, en este santísimo día, a renovar nuestra fe y nuestra esperanza, y a clamar con la “casa de Israel” que la misericordia de Dios es eterna, pues: /... "la diestra del Señor es poderosa,la diestra del Señor es excelsa,la diestra del Señor es poderosa". (Sal 117 [118],1-2.16).Hoy, en este bendecido día, admiramos cómo la Mano del Señor levantó a Jesús (Cf Hch 13:29-343) y levanta a todos los que fundan su esperanza en la misericordia divina. Nos admiramos de los mirabilia de Pascua, cosas admirables, de Dios,ya preparadas por Él en los misterios de la Encarnación y del nacimiento virginal[1].
Vano sería buscar a Jesús entre los muertos, pues él es Dios de vivientes y no de muertos (Cf Mt 20,38), pues Cristo y el Padre “son uno” (en el sentido de Jn 10:30) y porque el mismo Jesús dio su vida sin que se la quitara nadie (Cf Jn 10:17-18: 17) conforme al designio del Padre, quien al alba de la noche de la vigilia develó la fuerza de su brazo, de su diestra[2]. Inútil buscar en el sepulcro (Cf Lc 24,5-6): Cristo es el Presente, el Emmanuel, y lo es para quienes lo buscan con sincero corazón.
Él nos amó primero, y después de haber amado a “los suyos” que estaban en el mundo, a los que “amó hasta el fin” (Cf  Jn 13,1),el ápice sacrificial despuntó visiblemente “en el día que hizo el Señor” (Cf Sal 117 [118], 24), cuando cobró pleno sentido la prefigura del paso de Israel por el Mar Rojo y el signo de las aguas embravecidas que se tragaron a las fuerzas del Faraón, lo cual representaba la opresión del pecado y la invadente tristeza causada por la obstinada maldad y el miedo infligido. El miedo, en cuanto a él, rodó fuera de modo definitivo con la piedra que cubría el sepulcro (Cf Mc 16, 3-8). Así “surgió”, “pasó” triunfante el Señor, vencedor de la muerte y del pecado.
La conmovedora figura pascual, cuando Israel salió de Egipto nos prefigura con potencia la visión de la Mano poderosa de Dios, que salvó a los primogénitos de Israel (Cf Ex 12:27), que diezmó a los egipcios, y salvó las gentes y las casas de los suyos (Cf Ex 12.2-27) en la medianoche del catorce al quince de Nisán. La vara de Moisés actuó, y Dios envió a su pueblo la columna de nube, la cual devenía tanto luz como obscuridad. En efecto, iluminaba al pueblo del Señor, pero llenaba de obscuridad a los perseguidores, quienes se obstinaron. El mar los tragó. El pueblo del Señor lo vio, y creyó (Cf Ex. 14:31).
Ante tal paradigma, consideremos que la Pascua cristiana es el “Paso” por excelencia,gran acontecimiento, pues Jesús:“(...) ha resucitado, no está aquí” (Mc 16, 6) y esto fue hecho por Mano divina, en la historia de los hombres, pero a la vez de modo enteramente meta-histórico, trascendente, victorioso, fuera de lo mítico:“(…) no es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que al atardecer del Viernes fue descendido de la cruz y sepultado, ha dejado victorioso la tumba" nos explicaba el Papa Benedicto XVI[3].
Acontecimiento único e irrepetible que lo es puessigue al “ser” divino; fue hecho por El que es, para El que  dijo: “Yo soy el Alfa y la Omega (…) El que es, el que era y el que viene, el Omnipotente” (Cf Ap 1,8). Considerando esto, en cierto sentido, del último libro del “canon” de la Sagrada Escritura nos viene un principio vital y moviente de la nueva evangelización.

Caminar en una vida nueva

Los grandes Testigos, como San Pablo, nos dicen que Jesús resucitó de entre los muertos por medio de la “gloria” del Padre, para que así también nosotros podamos “(…) caminar en una vida nueva” (Rm 6,4). El hombre nuevo camina en una vida nueva.
En ese caminar, Jesús nos precede para liberarnos de toda esclavitud, del miedo y del sinsentido, y encolumnar su luz en nuestra vida, cual renovada y recreada columna de nube en el Pésaj: nos precede en Galilea (Cf Mc 16,6s), nos da Él “antes” el don de la fe para salvación nuestra y de todos aquellos de la familia humana que  acepten  el Don (Cf Hch. 16,30s) del día pascual.
Cercanos al comienzo del “Año de la Fe” pedimos que en su precedencia, el Señor aumente nuestra fe como lo hizo en sus primeros testimonios acerca del sepulcro vacío(Cf. Mt 28,1; Mc 16,2; Jn 20,1) yen sus primeras apariciones históricas a los apóstoles y discípulos(Cf. Lc 24,34-36; Jn 20,19).

Reengendrados en la libertad por una esperanza viva

Hombre nuevo y pueblo nuevo son reengendrados. El Pueblo de Dios es todo él «reengendrado a una viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (1P 1, 3). Animados por la respuesta libre de Jesús, la de entregarse (“Tengo el poder de entregar mi vida…”:Jn 10, 18c) hemos de vivir nosotros también con plena libertad, esa libertad que es el “(…) don de uno mismo en el servicio a Dios y a los hermanos”[4].
Los invito también hoy a ser agradecidos, porque todo lo debemos al Amor de Aquél que nos ama (Cf Ap 1,5), nos unge en su Iglesia, con la libertad de la fe en Cristo resucitado. Su gracia produce en nosotros, si le damos acogida, una transformación verdadera, esto es, los frutos nuevos en nuestra vida, los cuales anhelo para todos ustedes en esta Pascua.
Un espléndido fruto nuevo de metánoiapascual sería el osar, el “atreverse a amar” con mayor fuerza a los hermanos, tal como aparece a modo de clave comprehensivaen la carta del Apóstol Pedro: «Fraternitatem diligite», quieran ser hermanos, sean como hermanos (Cf 1 Petr. 2, 17). ¿Ideal a seguir?. Lo es, aunque no a modo demero ideario ético ni de idealismo filosófico o filantrópico. Más bien adquiere realismo por vía de animación espiritual, porque desea fraternidad quien está animado por la llama del Espíritu Santo (incluso cuando quien, sin culpa de su parte, no lo sabe). A esa fraternidad, tan anhelada, tan proclamada puede colaborar a efectuarla quien deja entrar en su vida la infinita «novedad» pascual. Es el aporte humilde y sincero que podemos ofrecer al mundo de hoy, donde tantas heridas se ven. Sin creernos más, sino como servidores.
Pascua es también suprema Justicia, desde Dios. Anhelamos justicia, es necesaria. La meramente humana, sin embargo, nos deja insatisfechos. La Justicia „que mira desde el Cielo” (Cf Sal.85) es infinitamente superior a cualquiera otra, en especial a lavindicación. En aras de la anhelada fraternidad misericordiosa, el renovado „mirar” de nuestra parte, más bien con la Justicia del Cielo, a los hermanos, constituirá un gran signo de reconciliación y de fraterna „mano extendida” aunque para ello tengamos que „morir” no pocoa nosotros mismos (admiramos a los mártires, pero ¿aceptamos „morir” incluso en este sentido?.). Morir para vivir,constituirá también el asumir el „camino nuevo” sentido existencial-martirial-virtuoso verdadero.
La Pascua nos ofrece renovadas fuerzas para colaborar con Jesús nuestro Hermano a construir familia, comunidad, sociedad, civilización del Amor, con su Gracia, „(...) con los ácimos de la pureza y la verdad” (Cf 1 Cor 5, 8).
Nos acompañela Virgen Madre de Dios, en este camino nuevo.a modo de una luminosa Columna de nube; María, la que padeció junto a la Cruz pascual, la que vio al Resucitado, Levantado por la Mano paterna, glorioso en su Pascua; María, la que reina junto a su Hijo por la eternidad, la Madre de la Iglesia.



[1]Cf. San Gregorio Magno, Hom. 26 in Ev.
[2]Cf JUAN PABLO II, Homilía de Su Santidad en la Santa Misa Crismal, Jueves Santo, Basílica de San Pedro, 8 de abril de 1982.
[3]Benedicto XVI, Mensaje pascual desde la balconada de la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano, Domingo 12 de abril de 2009.
[4]Juan Pablo II, Enc. Veritatissplendor, n. 87.


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jueves, 5 de abril de 2012

Campana vivió su Domingo de Ramos en Santa Florentina

EN EL ITINERARIO DE LA PASCUA TODOS NECESITAMOS DE LA PURIFICACIÓN PARA VIVIR "LA HORA DE DIOS"

Aspersión de los ramos en atrio iglesia catedral
El domingo de Ramos la iglesia catedral de Santa Florentina contó con la presencia de muy numerosos fieles, quienes desde las aceras circunstantes hasta las esquinas y cubriendo todo el atrio vecino al templo aguardaban la llegada del Obispo y los sacerdotes, junto con los diáconos y seminaristas. Acompañaron a Mons. Oscar Sarlinga el cura párroco, Pbro. Hugo Lovatto, el provicario, Mons. Santiago Herrera, y los diáconos permanentes Ricardo Dib, Pedro Bruno y Sergio Pandiani, junto con los seminaristas que realizan la pastoral de fin de semana en la parroquia, sin olvidar al numeroso grupo de monaguillos parroquiales. Muchas familias con niños asistieron a la celebración, y el obispo hizo alusión a ello en la homilía, en la que dijo que “en el itinerario a la Pascua, todos necesitamos de la purificación para vivir “la hora de Dios”.



HOMILÍA DEL DOMINGO DE RAMOS
En el itinerario a la Pascua, todos necesitamos de la purificación para vivir la “hora de Dios”
Queridos sacerdotes, diáconos, seminaristas, hermanos y hermanas, queridos niños, que han venido tan numerosos para este Domingo de Ramos:
Aclamemos hoy a nuestro Señor, como lo hicieron los niños hebreos que acudieron aclamando al Señor, con inmenso cariño, con amor: ¡Bendito el que viene!. ¡Cómo habrá prevalecido el clamor de los niños y de los puros de corazón, sobre el rumor de la muchedumbre, sobre la ira de quienes odiaban a Jesús, como habrá prevalecido ese día el clamor del Osanna al nuevo Hijo de David (Cf Mt. 21, 15).Revivamos hoy ese Misterio, en y desde la fe.
Predomina el colorido, lo festivo, los ramos que se levantan cual signo de ovación. Observemos, sin embargo, que el vistoso color rojo vivo de los ornamentos, más que el color de los reyes o de los emperadores, es el color con que revistieron a Jesús con el “manto real” para burlarse de Él, “el Rey” que reinaría desde la ignominia de una Cruz. Por eso también le ciñieron la cabeza con la corona “real” de espinas y le dieron como cetro la caña. Tuvo que ser Pilato, juez inicuo, quien sin embargo hiciera dejar el “título” sobre la Cruz, que lo reconocía “Rey”.  Pero de ese lugar de ignominia, y de Misericordia infinita derramada, vino el triunfo total, el de la Resurrección, el de la Ascensión, el del Envío del Espíritu Santo en Pentecostés, que inauguró el “tiempo de la Iglesia”. Por eso este rojo vivo es el color litúrgico del Descenso del Espíritu, y el color del martirio, del supremo testimonio de ese Amor inmenso.
Y Jesús, ¿qué veía en el Domingo de los Ramos?. Pensemos entonces que en este día en que se jugaban los destinos de la redención, más que la gloria de la aclamación, Jesús veía su entrega para la redención. Jesús, el Maestro, sabio, misericordioso, peregrinante en la Palestina de entonces, que obró milagros, tuvo en su misma entrada triunfal la conciencia de ser el Salvador prometido y a la vez la conciencia de la Cruz. 
Nosotros, para “ver” este misterio, hemos de hacernos como niños. Sí, en especial los niños del pueblo hebreo agitaban ramos, de olivo, de palma, en señal de fiesta, porque son los niños quienes tienen un corazón más puro, y por ello, en un sentido, “ven más”, “aceptan más”, dan un homenaje más amoroso y sentido. Es por ello que el Señor nos ha exhortado a “hacernos como niños”, en sentido de purificar nuestro corazón, como en este día en que nos pide “verlo” en el Domingo de Ramos o de Pasión, más que como un “espectáculo religioso” (lo cual se convertiría más bien en una espectacular repetición en el calendario litúrgico), como una reactualización vivida, por obra del Espíritu, de ese Misterio del Señor. Y esto  al punto que cada uno de nosotros aquí presentes nos hacemos partícipes, como nuevo Pueblo de Dios, proclamando a Jesús, “Mesías”, el Cristo, nuestro Salvador.
Que este acto litúrgico reavive nuestra fe, nuestra esperanza, anime nuestra caridad, y renueve nuestra vida, haciéndonos “nuevas creaturas”. Nuestra fe, primero, cual “virtud-puerta”, tanto más en las cercanías de la apertura del “Año de la Fe” por el Santo Padre. Creemos en Dios, creemos en Cristo, su Hijo. Creemos en el Espíritu Santo. Le creemos a Jesús, como las almas piadosas luego de la resurrección de Lázaro, le creemos, en su ingreso triunfal y humilde como Mesías en Jerusalén. Creemos en Él, siendo «signo de contradicción» (Luc. 2, 34). Creemos en Él, pues su gloriosa Resurrección cambió para siempre los destinos del mundo y de la humanidad.
Será la ocasión de profundizar  también nosotros hoy esa conciencia, de querer crecer en nuestra voluntad en ser heraldos, mensajeros del Mesías, de su Reino de alegría, paz, gozo en el Espíritu, de profundizar la conciencia de estar viviendo “la hora” de Dios, en la que se cumplieron las profecías de la venida del Príncipe de la paz (Cf Is. 9,6) en su triunfo incontenible y en su entrega total (Cf Lc 19,39-40).
Nos ayudará para esto, a vivir el camino a la Pascua (la litúrgica, y el camino a la Pascua eterna) la reconciliación. La interior, la profunda, que nos mueva al sacramento de la reconciliación, es decir, a la confesión, pues la necesitamos. En el itinerario a la Pascua todos necesitamos de la  purificación para vivir la “hora de Dios”.
María, nuestra Madre, la Madre de Dios y Madre de la Iglesia, quien nunca nos abandona, nos guíe de la mano en este camino hacia la luz pascual.
                        
+Oscar Sarlinga
Domingo de Ramos 2012



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lunes, 26 de marzo de 2012

Sí a la vida humana: Jornada del Niño por nacer en Zárate-Campana 2012.

Campana, 24 de marzo.
Como todos los años, con distintas conferencias, actos y celebraciones en las parroquias de la diócesis y en distintos lugares del Obispado se celebra este año la Jornada del Niño por Nacer. El acto central tuvo lugar hoy en Belén de Escobar, con acto en el colegio “Santa María” del Obispado, y luego con la celebración de la Santa Misa a las 17, en la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, que presidió nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga y fue concelebrada por varios sacerdotes, entre los cuales el asesor de la Legión de María, Pbro. Dr. Nestor Villa. Este año se ha convocado en especial a la Legión de María, que tiene su ACIES, a los jóvenes y a los misioneros, con una especial perspectiva de la convocatoria del Año de la Fe, que la diócesis abrirá el 13 de octubre, en consonancia con la apertura de dicho Año en Roma por S.S. Benedicto XVI, el 11 del mismo mes.
Así mismo, junto con actos y celebraciones en otras parroquias (como Nuestra Señora del Carmen, de Zárate, por ejemplo) la parroquia Exaltación de la Cruz, de Capilla del Señor, ha organizado la bendición de embarazadas, habiendo antes presentando un video con los padres de la catequesis, por la vida, y también por la tarde del domingo el P. Fernando Fusari, prefecto de la vida común del Seminario, predicará el retiro de cuaresma, concluyendo con bendición de embarazadas. Además ha organizado la colecta solidaria para el Seminario diocesano. También será celebrada por Mons. Santiago, rector del seminario, que participará acompañado de algunos seminaristas.
Ofrecemos primero un resumen del mensaje del Sr. Obispo y luego su texto integral:
Resumen del mensaje
Mons. Oscar Sarlinga transmitió un mensaje a la diócesis, en el que exhorta a los fieles a vivir el sentdio de dicha Jornada, comenzando por atraer la atención acerca de que lo plenamente humano, que se refiere a la dignidad de la vida humana naciente posee a la vez una dimensión en la cual dicha plena dignidad de la vida humana resplandece en lo cristiano, pues Él, el Hijo de María, el Hijo del Altísimo, es nuestro Hermano Mayor, nuestro Guía y también “médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos. Dijo luego el Obispo que dicha Jornada, la cual en diversas naciones, por disposición de las Conferencias Episcopales, y en nuestro país también a norma de ley, se celebra, siendo en última instancia la Jornada de la dignidad humana, si consideramos la visión complexiva ue nos transmite el Concilio Vaticano II en su constitución Gaudium et spes, a saber, que «es la persona humana la que hay que salvar, y es la sociedad humana la que hay que renovar (…) el hombre concreto y total, con cuerpo y alma, con corazón y conciencia, con inteligencia y voluntad (G.S. n. 3) -dijo- .
Al mismo tiempo, afirmó que “ser persona es la manera que tiene el ser humano de existir, de ser. Por ello lo es desde el primer instante de su existencia”. A continuación acotó que puesto que “es más fácil “decir” que “ponerse al servicio” (aunque siempre la palabra esclareciente es también un servicio)” piensa que las presentes circunstancias pueden servirnos a los cristianos todos, y tantísimas personas de visión trascendente, para un profundizado examen de conciencia acerca de nuestro compromiso, de nuestra acción al respecto. Mencionó que el Beato Juan Pablo II en los inicios de su pontificado, y citó aquí un párrafo de la Enc. Redemptor hominis, de 1979: “Es acerca del primordial derecho a la vida que, en el alba de este tercer milenio, la entera sociedad encuentra el deber de realizar el examen de consciencia, no para cargar fardos sobre los hombros de otros, ni para provocar agravios de pena a quien ha sido ya probado, sino por el deber que tiene, en bien de sí misma, de mirar hacia adelante en dirección al futuro. Entre los signos de “caducidad” de nuestro tiempo, el cual ha progresado, pero que se halla necesitado de redención, cito la «deficiens reverentia erga vitam nondum natorum» (falta de respeto hacia la vida de los todavía no nacidos).
Luego de hacer alusión a palabras del Papa Benedicto XVi con oportunidad de la anterior Vigilia de la vida humana naciente que convocó para toda la Iglesia, hizo referencia a algunos elementos naturales e incluso de índole científica a los cuales aludió el Pontífice, y a continuación reafirmó el prelado la necesidad de un compromiso de todos por el cuidado de la vida del niño por nacer, y, a continuación, del niño en sus años de infancia y de su juventud, pues marca la pauta de calidad relacional en la sociedad humana.
Mons. Oscar Sarlinga transmitió un mensaje a la diócesis, en el que exhorta a los fieles a vivir el sentdio de dicha Jornada, comenzando por atraer la atención acerca de que lo plenamente humano, que se refiere a la dignidad de la vida humana naciente posee a la vez una dimensión en la cual dicha plena dignidad de la vida humana resplandece en lo cristiano, pues Él, el Hijo de María, el Hijo del Altísimo, es nuestro Hermano Mayor, nuestro Guía y también “médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos. Dijo luego el Obispo que dicha Jornada, la cual en diversas naciones, por disposición de las Conferencias Episcopales, y en nuestro país también a norma de ley, se celebra, siendo en última instancia la Jornada de la dignidad humana, si consideramos la visión complexiva ue nos transmite el Concilio Vaticano II en su constitución Gaudium et spes, a saber, que «es la persona humana la que hay que salvar, y es la sociedad humana la que hay que renovar (…) el hombre concreto y total, con cuerpo y alma, con corazón y conciencia, con inteligencia y voluntad (G.S. n. 3) -dijo- .
Al mismo tiempo, afirmó que “ser persona es la manera que tiene el ser humano de existir, de ser. Por ello lo es desde el primer instante de su existencia”. A continuación acotó que puesto que “es más fácil “decir” que “ponerse al servicio” (aunque siempre la palabra esclareciente es también un servicio)” piensa que las presentes circunstancias pueden servirnos a los cristianos todos, y tantísimas personas de visión trascendente, para un profundizado examen de conciencia acerca de nuestro compromiso, de nuestra acción al respecto. Mencionó que el Beato Juan Pablo II en los inicios de su pontificado, y citó aquí un párrafo de la Enc. Redemptor hominis, de 1979: “Es acerca del primordial derecho a la vida que, en el alba de este tercer milenio, la entera sociedad encuentra el deber de realizar el examen de consciencia, no para cargar fardos sobre los hombros de otros, ni para provocar agravios de pena a quien ha sido ya probado, sino por el deber que tiene, en bien de sí misma, de mirar hacia adelante en dirección al futuro. Entre los signos de “caducidad” de nuestro tiempo, el cual ha progresado, pero que se halla necesitado de redención, cito la «deficiens reverentia erga vitam nondum natorum» (falta de respeto hacia la vida de los todavía no nacidos).
Luego de hacer alusión a palabras del Papa Benedicto XVi con oportunidad de la anterior Vigilia de la vida humana naciente que convocó para toda la Iglesia, hizo referencia a algunos elementos naturales e incluso de índole científica a los cuales aludió el Pontífice, y a continuación reafirmó el prelado la necesidad de un compromiso de todos por el cuidado de la vida del niño por nacer, y, a continuación, del niño en sus años de infancia y de su juventud, pues marca la pauta de calidad relacional en la sociedad humana.
Texto integral del Mensaje:

Mensaje de Mons. Oscar Sarlinga a la diócesis para la Jornada del Día del Niño por Nacer 2012

Queridos hermanos y hermanas
Como hemos venido haciéndolo desde años, celebramos la Jornada del Niño por Nacer, esta vez en vísperas del 25 de marzo, en la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, junto con la Legión de María y la delegación de Pastoral de Juventud y la Delegación de Misiones. Nos alegramos de la participación diocesana, en la cual destacan las familias, para esta festividad de la Anunciación a María Santísima por parte del arcángel, la cual nos manifiesta el “gesto divino”, como otras veces lo hemos llamado, de la pura gracia y la respuesta purísima de parte de la Virgen: el “Sí” que nos dio la redención, haciendo posible para nuestra humanidad el inefable misterio de la Encarnación, por obra del Espíritu Santo.
En diversas naciones, por disposición de las Conferencias Episcopales, y en nuestro país también a norma de ley, se celebra esta Jornada, que es en última instancia la Jornada de la dignidad humana, en visión complexiva que nos transmite el Concilio Vaticano II en su constitución Gaudium et spes, a saber, que «es la persona humana la que hay que salvar, y es la sociedad humana la que hay que renovar (…) el hombre concreto y total, con cuerpo y alma, con corazón y conciencia, con inteligencia y voluntad»[1].
Con renovado amor por todos nuestros hermanos y hermanas, y en especial para con quienes sufren, y también con alegría interior, renovamos asimismo nuestra conciencia acerca de nuestro derecho y deber moral de respetar, promover, defender, la dignidad de vida humana en todas sus fases, desde la fase del niño por nacer hasta la del anciano y el muriente. Quisiéramos destacar, con una mirada prospectiva y, desde ese punto de vista, profética, que lo plenamente humano que se refiere a la dignidad de la vida humana naciente posee a la vez una dimensión en la cual dicha plena dignidad de la vida humana resplandece en lo cristiano, pues Él, el Hijo de María, el Hijo del Altísimo, es nuestro Hermano Mayor, nuestro Guía y también “médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, que ha querido que su Iglesia continuase, en la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y de salvación”[2].
Ser persona es la manera que tiene el ser humano de existir, de ser. Por ello lo es desde el primer instante de su existencia. Al mismo tiempo, la persona es “ser personal” “con otros”, y estos otros, nosotros, somos también responsables ante ella, hemos de acogerla con amor. Fácil es decirlo o predicarlo, mucho más difícil es realizarlo, sobre todo en circunstancias lacerantes que nadie ignora.
Por ello, porque es más fácil “decir” que “ponerse al servicio” (aunque siempre la palabra esclareciente es también un servicio) pienso que las presentes circunstancias pueden servirnos a los cristianos todos, y tantísimas personas de visión trascendente, para un profundizado examen de conciencia acerca de nuestro compromiso, de nuestra acción al respecto del cuidado de la vida humana en todos sus etapas, lo cual nos presentara el Beato Juan Pablo II en los inicios de su pontificado como uno de los desafíos humanos y pastorales con que nos encontraríamos en el entonces adviniente inicio del Tercer Milenio: “Es acerca del primordial derecho a la vida que, en el alba de este tercer milenio, la entera sociedad encuentra el deber de realizar el examen de consciencia, no para cargar fardos sobre los hombros de otros, ni para provocar agravios de pena a quien ha sido ya probado, sino por el deber que tiene, en bien de sí misma, de mirar hacia adelante en dirección al futuro. Entre los signos de “caducidad” de nuestro tiempo, el cual ha progresado, pero que se halla necesitado de redención, cito la «deficiens reverentia erga vitam nondum natorum» (falta de respeto hacia la vida de los todavía no nacidos)”[3].
Precisamente por la dignidad intrínseca de la vida humana, el Concilio ya se refería a que “(…) los actos mismos, propios de la vida conyugal, ordenados según la verdadera dignidad humana, deben ser respetados con gran estima”[4].
Por su parte, en la Vigilia por la Vida Naciente que convocó para toda la Iglesia el Papa Benedicto XVI, junto con su visión trascendente y específicamente cristiana, también nos aportó algunas razones naturales acerca del tema que abordamos. En efecto, en esa oportunidad Benedicto XVI también recordó que “(…) sobre el embrión en el vientre materno, la ciencia misma muestra la autonomía que lo hace capaz de interactuar con la madre, la coordinación de los procesos biológicos, la continuidad del desarrollo, la creciente complejidad del organismo. No se trata de un cúmulo de material biológico, sino de un nuevo ser vivo, dinámico y maravillosamente ordenado, un nuevo individuo de la especie humana. Así lo ha sido Jesús en el vientre de María; así lo ha sido cada uno de nosotros en el vientre de la madre”[5].
Por este motivo, con sentido constructivo, con paz, con diálogo y con convicción, presento a la reflexión de ustedes este sencillo mensaje a los fines de recordar en todas las parroquias, asociaciones de fieles, movimientos e instituciones católicas, también en el ámbito del diálogo ecuménico e interreligioso en distintas iniciativas que se están realizando, la importancia de celebrar de corazón la vida humana, así como trabajar intensa y dedicadamente por su tutela integral, prodigando más de nuestro esfuerzo y entrega generosa, por el niño “por nacer” y por el niño nacido, haciéndonos eco de la enseñanza del Beato Juan Pablo II en su primera visita a la ONU, cuando dijo que “(…) este cuidado de la vida del niño por nacer, y, a continuación, del niño en sus años de infancia y de su juventud, marca la pauta de calidad relacional en la sociedad humana”[6].
En la Anunciación, la Virgen que devino Madre por obra del Espíritu Santo Divino, nos ayude y acompañe, y en especial proyecte con su intercesión la luz de Cristo sobre aquellos que más sufren y quienes padecen más necesidad, y los más necesitados de nuestra oración.
Con afecto pastoral,
+Oscar Sarlinga
Para las vísperas de la Anunciación del Señor, año 2012
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[1] CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 51. CONCILIO VATICANO II, Gaudium et spes (7 dicembre 1965), n.3.
[2] CEC, 1421.
[3] JUAN PABLO II, Enc. Redemptor hominis (4 marzo 1979), n.8 = EncVat 6/1190
[4] CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 51. CONCILIO VATICANO II, Gaudium et spes (7 dicembre 1965), nn.27. 51.
[5] BENEDICTO XVI, Celebración de la Vigilia por la Vida Naciente, Basílica de San Pedro, 2010.
[6] JUAN PABLO II, Allocuzione all’assemblea generale delle Nazioni Unite, (2 de octubre 1979), n.21 = AAS 71(1979) 1159 = EncVat 6/1758.
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http://padrenuestro.net/mensaje-de-mons-oscar-sarlinga-a-la-diocesis-para-la-jornada-del-dia-del-nino-por-nacer-2012/

miércoles, 21 de marzo de 2012

La ciudad de Campana cuenta con dos nuevos diáconos permanentes, adscriptos a la iglesia catedral.

Iglesia catedral de Santa Florentina, sábado 17 de marzo, a las 19 horas. 
Ordenaciones diaconales en la diócesis
La dimensión familiar del diácono permanente ejerce una incidencia fundamental en la promoción de la vocación universal a la santidad (vocación cristiana) a las vocaciones específicas en la Iglesia, y en especial de las vocaciones sacerdotales. Uno de los signos de la autenticidad del redespertar de las vocaciones al diaconado permanente es que se dé de par con un rederspertar y crecimiento de las vocaciones sacerdotales y religiosas.
Nuestro Obispo diocesano, Mons. Oscar Sarlinga, ordenó diáconos (permanentes) a los acólitos Pedro D. Bruno y Sergio Pandiani, incorporados a la comunidad parroquial de Santa Florentina (parroquia y catedral) de Campana. Los ordenados fueron acompañados de sus respectivas esposas, hijos e hijas, familiares, amigos y feligresía en general, con una notable asistencia de jóvenes, entre otras cosas debido al compromiso en la pastoral juvenil y misionera de los jóvenes hijos e hijas de los actuales diáconos. Los padres del diácono Pandiani también asistieron, y en general la celebración se dio en medio de la alegría de la comunidad de la iglesia catedral, que en los últimos años ha tenido la gracia de asistir a numerosas ordenaciones, en especial de presbíteros.
Ambos diáconos realizaron su debida preparación conforme a la Ratio en la escuela de ministerios de la diócesis, cuyo director es Mons. Dr. Santiago Herrera, también pro-vicario general y rector del Seminario, con la colaboración de numerosos profesores de entre destacados miembros del presbiterio diocesano, también muy formado. Gracias a Dios asistimos a un crecimiento e incluso florecimiento de vocaciones específicas dentro de nuestra Iglesia particular. Una de ellas es el diaconado permanente, y no menos lo son las distintas vocaciones específicas dentro del laicado, sin olvidar que la misión del laico es “consagrar el mundo”, con la palabra y el testimonio en medio de las realidades cotidianas (como lo dice la introducción de la Christifideles laici, de Juan Pablo II). Participaron de la celebración numerosos sacerdotes, entre los cuales Mons. Edgardo Galuppo, Mons. Santiago Herrera, el Pbro. Hugo Lovatto, cura párroco, Mons. Marcelo Monteagudo, el Pbro. Nestor Villa, el Pbro. Pablo Iriarte, el Pbro. Mauricio Aracena, el Pbro. Rodrigo Domínguez, junto a una gran parte de los diáconos permanentes de la dióceesis (17) que asistieron a la ceremonia, y numerosos seminaristas del Seminario “San Pedro y San Pablo”.
 
 
 
La próxima ordenación al diaconado permanente tendrá lugar el 25 de marzo, día en que será ordenado el acólito Darío Arreguy, en la parroquia de Nuestra Señora de las Gracias, de Pilar.
Las lecturas de las ordenaciones diaconales en la iglesia catedral fueron las del Domingo IV de Cuaresma, ciclo B: 2Cro 36,14-16.19-23; Sal 136; Ef 2,4-10; Jn 3,14-21.
La ceremonia fue televisada en directo por Cable Visión, y transmitida por FM Radio “Santa María”.
Luego de la ordenación, y de los numerosos saludos que recibieron los neo-diáconos, tuvo lugar el ágape comunitario, muy concurrido, en las instalaciones del Club de bomberos de la ciudad de Campana.
En una próxima actualización presentaremos la homilía completa de S.E. Mons. Oscar Sarlinga.